Está comprobado: ya sea por su olor, color, forma o textura, hay alimentos que disgustan aún cuando nunca jamás se los haya probado. Y esto le sucede tanto a chicos como a grandes y desde que el mundo es mundo y desde que el hombre es hombre. Pero, quizás, haya una solución para este dilema existencial que ocupa –y a veces preocupa- a tantas madres y esposas cocineras que buscan llevar a sus hogares opciones alimenticias balanceadas y ricas en nutrientes.

Es cierto que las impresoras 3D existen hace tiempo y que hoy se utilizan para una enorme variedad de propósitos: desde prótesis minúsculas que el organismo absorbe luego de que cumplan su objetivo hasta armas mortíferas. Sin embargo, como parte del proyecto llamado Fab@Home, Cornell Creative Machines Lab (CCML) desarrolló un aparato que imprime alimentos de acuerdo a las necesidades de cada cuerpo, basado en planos electrónicos llamados FabApps. Sorprendente. En la práctica, la impresora cuenta con un sistema de cartuchos compuestos por polvos comestibles de proteínas, azúcares, carbohidratos y demás que, en combinación con aceites y líquidos y luego de una indicación específica previa, crean comidas de composición nutricional adecuada y personalizada para cada consumidor específico. Sí, señores. Éste sea, probablemente, uno de los mejores inventos de los últimos años. De esta forma, se podrían crear exquisitos platos con los alimentos favoritos de cada individuo pero con los requerimientos necesarios para cada cuerpo y los sabores y aromas que cada persona prefiera. ¿Se imaginan seleccionando sus ingredientes preferidos y cantidades, y enviando esa información a través de un smartphone para que cuando lleguen a sus casas los espere el plato perfecto recién… impreso? ¡Para chuparse los dedos!

Recetas espaciales: astronautas con panzas llenas

Piensen en un grupo de astronautas viajando al espacio. Meses y meses de recorrido y siempre las mismas comidas aburridas y regulares. Suena tedioso. Por ello, hace unos meses, la NASA pareció entender el hastío que ello implica e, intentando buscarle una solución al asunto, le otorgó una beca Small Business Innovation Research (SBIR) al ingeniero mecánico Anjan Contractor, fundador de la empresa Systems and Materials Research Corporation (SMRC), para llevar adelante un proyecto de I+D: desarrollar una impresora 3D capaz de producir alimentos, que utilizará un software de código abierto para permitir que cualquier persona pueda crear y compartir recetas. De esta forma, uno de los mayores problemas del envío de seres humanos al espacio –la alimentación- podría solucionarse (nota: ¡una misión a Marte llevaría cinco años!). Eso sí: antes de enviarlo al espacio, el modelo (que aún está en proceso de creación) deberá superar inconvenientes como la micro gravedad, diferentes presiones de aire, temperaturas variables o la escasez de electricidad, entre otras cuestiones. De la impresora a su boca. Y, como bonus, para aquellos nostálgicos, el aparato tendría la capacidad de comunicarse con la Tierra y recibir recetas personalizadas de la mamás de los astronautas enviadas especialmente para sus gurrumines.

¿Moda gastronómica o la salvación del hambre en el mundo?

Sin dudas, las impresoras 3D son una revolución para el universo gastronómico es una novedad y los expertos del sector ya coquetean con sustancias comestibles como materia prima. Por el momento, los ejemplos de impresiones son básicos: improvisar una hamburguesa completa con todos sus ingredientes hoy resulta complejo por sus diferentes estructuras y requisitos de temperaturas pero, en un futuro mediato, los chefs serían capaces de crear nuevos alimentos y personalizar menús para clientes estrictos y paladares exigentes. Incluso, aquellas personas que carecen de habilidades culinarias podrían imprimir fórmulas de nutrición recomendadas por genios de la cocina o dietas especiales recetadas por médicos.

Pero, mientras algunos podrían pensar en ese invento como una simple moda gastronómica, una trivialidad tal vez, Anjan Contractor considera que este proyecto podría ser de mucha ayuda para la población mundial. Más allá de llevar adelante esta impresora con vistas a generar alimentos para viajes espaciales, él tiene otras metas ambiciosas en mente: que el dispositivo compense la falta de alimentos en el mundo. Su idea es que un día cada cocina tenga una impresora 3D con el objetivo de que los 12 mil millones de personas que habitarán el planeta a finales del siglo puedan mantenerse por ellos mismos nutricionalmente a partir de cartuchos de elementos básicos que se puedan comprar en todas las tiendas. De esta forma, y mirando a pequeña escala, esto bajaría notablemente la producción de desperdicios, ya que solo se imprimiría la comida necesaria para cada individuo, tanto en cantidad como en calidad de nutrientes.

Por el momento, esta imagen está aún lejos de llevarse a la práctica: los valores de las impresoras 3D y los precios de sus cartuchos hoy son muy altos para los simples mortales y tan solo una pequeñísima minoría tiene la suerte de poder invertir en ellas y adquirirlas para su uso personal. Sin embargo, es seguro que –a medida que la tecnología se siga extendiendo- los rangos de costos comenzarán a cambiar y, ¿quién sabe? Quizás en algún momento el anhelo de Contractor sea parte de la cotidiana realidad.

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