Allá por la década de los noventa, y gracias a la enorme y generosa ayuda de internet, el crowfunding surgió como una iniciativa para financiar pequeños proyectos culturales y, debido al éxito y la repercusión del fenómeno, muchos emprendedores terminaron volcándose hacia esta alternativa. Según un informe publicado por Massolution, solo en 2012 movió 2.700 millones de dólares en todo el mundo, creciendo un 81% con respecto al año anterior.

Se puede decir que hoy el financiamiento colectivo es algo cotidiano; no hay nada nuevo bajo el sol. Sin embargo, existen cifras que paralizan. Recientemente, se conoció un nuevo récord mundial en el universo del periodismo: la plataforma digital holandesa De Correspondent logró alcanzar la no-tan-módica suma de 1.7 millones de dólares con su campaña crowdfunding en tan solo un par de semanas. Respire. Este diario online busca ser la contracara de las redacciones tradicionales que plasman en sus páginas noticias que se pueden encontrar en cualquier medio y, gracias a la colaboración de 19 mil suscriptores, lanzaron oficialmente en septiembre pasado.

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¿Y por Latinoamérica cómo andamos?

Aunque existen diferencias entre los negocios de Estados Unidos y Europa, y el de Latinoamérica, poco a poco aparecen pequeños players en el mercado que se vuelven enormes protagonistas en el financiamiento colectivo. Hasta el momento no ha habido casos regionales voladores-de-chavetas como el de De Correspondent en el mundo tecnológico; sin embargo, hay proyectos que superaron los montos requeridos desde un primer comienzo.

El Partido de la Red, una agrupación política argentina que busca expandir el ancho de banda de la participación democrática usando los medios sociales, se apoyó en este modelo para imprimir las boletas que se utilizaron en las Elecciones Legislativas 2013; en México, Machina –un grupo de jóvenes que fabrica ropa tecnológica y mochilas a base de LEDs y que resultaron ganadores en la primera edición de Wayra México 2011- pudo recolectar el dinero suficiente para continuar investigando sobre el desarrollo de las pantallas y ayudar así a la gran población ciclista que utiliza este medio de transporte sustentable. Por su parte, Paloma Valdivia, una ilustradora y autora de libros para niños, alcanzó el monto esperado para realizar la versión digital para iPad del cuento universal “Caperucita Roja”, con la particularidad de poder elegir el final de la protagonista.

Su atención por favor: cinco plataformas que pueden ayudarle a inicar su startup

De acuerdo a una investigación realizada por Crowdfund Capital Advisors junto a la Universidad de California en Berkley, este concepto alcanzará un valor de 4,6 mil millones de dólares anuales en los próximos cinco años, esto significa que Latinoamérica tendrá un 20% de ese mercado, un número realmente alentador. No hay dudas: el crowdfunding llegó para quedarse y hoy hay varias plataformas dentro de la región que les dan un lugar a aquellos proyectos relacionados con la innovación y la tecnología a la hora de comenzar a transitar el camino hacia la concreción de resultados.

Una de éstas es Idea.me, un proyecto argentino inspirado en KickStarter que nació en agosto de 2011, ocupa cerca del 70% de las transacciones de crowfunding de la región, y cuenta en su equipo con reconocidos emprendedores como Tiburcio de la Cárcova y Mariano Suárez Battan. Hay proyectos de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Uruguay y Estados Unidos, y existen dos tipos de recaudación: “Todo o Nada”, en donde el emprendedor debe alcanzar el 100% de su objetivo económico para cobrar lo recaudado; o “Todo Suma”, que se da cuando el emprendedor no llega al total esperado pero cobra lo alcanzado (habiendo presentado un plan alternativo de uso del total recolectado).

Otra opción que llega desde Chile es Inittia, una vitrina de difusión y financiamiento para proyectos creativos, innovadores, que generan impacto y que tienen algún desarrollo en su gestión. Antes de estar online, la idea es previamente aprobada por el equipo de Inittia según los lineamientos generales.

También está Groofi, una empresa anglo-argentina con capitales españoles que está destinada a convertirse en un puente entre la creatividad y el financiamiento, desatando de esa manera el potencial de todas las personas en el mundo. En este caso, sólo los proyectos que en el plazo establecido lleguen como mínimo al 100% de su objetivo de financiación recibirán el dinero aportado por sus patrocinadores. En caso contrario, las cantidades que los mecenas se han comprometido a aportar no se hacen efectivas y el proyecto no recibe la financiación.

De Brasil llega Catarse, que surgió como la primera en el país con similitudes a Indiegogo y cumplirá sus primeros tres años de vida en marzo. Durante los primeros doce meses, logró que casi 15 mil brasileños apoyen 278 proyectos, de los cuales 146 llegaron a ser exitosos. Esto representó fondos por 727 mil dólares.

Ya no existen más excusas: si tiene una idea y la determinación de llevarla adelante, el financiamiento colectivo puede ser una vía para comenzar el feliz, trabajoso y temible camino de hacer sus sueños realidad.

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