“Si quieres destruir el capitalismo, empieza por destruir la moneda”, Vladimir Ilyich Ulyanov (más conocido como Lenin).

Hay dos formas de destruir la moneda: con alta inflación o con deflación. Lamentablemente, en la Argentina hemos sido campeones en ambos métodos. Desde 1950 en adelante, Argentina es uno de los países de mayor inflación acumulada del mundo estando en un rango tolerable de inflación solamente un 17% del tiempo en comparación con Estados Unidos o Alemania que estuvieron el 98% y 94% del tiempo.

La contrapartida de la alta inflación es la pérdida de valor de la moneda; desde 1881 a la fecha hemos tenido en Argentina seis tipos de monedas diferentes que le fueron quitando en forma acumulativa unos trece ceros a su valor inicial:

1 peso convertible (año 1992) = 10.000 Australes (año 1985) = 10.000.000 Pesos Argentinos (año 1983) = 100.000.000.000 Pesos Ley (año 1970) = 10.000.000.000.000 Peso Moneda Nacional (año 1881).

Es así cómo la historia parecería indicar que no hemos podido como país construir las instituciones necesarias para regular la cantidad de dinero y hemos tenido que recurrir a todo tipo de alquimias monetarias sin encontrar un balance entre reglas (ejemplo: convertibilidad) y discrecionalidad.

Por su parte, el Banco Central -desde su creación en 1935 a la fecha- ha tenido más de cinco decenas de presidentes e innumerables modificaciones a su carta orgánica y, para colmo, hace unos meses han retirado del hall el cartel que citaba su artículo segundo: “Es misión primaria y fundamental del Banco Central de la República Argentina preservar el valor de la moneda”.

Una solución posible al problema crónico de moneda que tenemos en Argentina sería tener una nueva moneda pero que, a diferencia de las seis anteriores, no fuera emitida por el Banco Central sino que se autoregulara como una criptomoneda. Es decir, un medio de cambio digital descentralizado que se autovalida mediante una red de computadoras y, de esa forma, evita la necesidad de un banco central que emita y certifique la moneda de papel tradicional.

El reciente auge del bitcoin y de otras criptomonedas podría servir de experiencia para diseñar una para Argentina con una arquitectura similar pero con una serie de elementos adicionales como ser:

1. Una ley aprobada por el Congreso que sustituya los pesos actuales por una criptomoneda “Arcoin” que deba ser aceptada como medio de pago en nuestro país.

2. El algoritmo de creación del “Arcoin” sería de código abierto y autoregulado al igual que el bitcoin. La cantidad máxima de “Arcoins” a ser “emitidos” sería igual a la cantidad de pesos en circulación y luego podrían ser emitidos a razón de X% anual (donde X sería el crecimiento de largo plazo de la economía, por ejemplo).

3. Hacer posible que todos los argentinos puedan utilizar esta nueva moneda digital ofreciendo, por ejemplo, una billetera digital gratuita (al estilo tarjeta SUBE).

4. Los bancos podrían ofrecer cuentas para almacenar “Arcoins” en cuenta corriente o plazo fijo y dar prestamos en la misma moneda.

5. El gobierno podría emitir deuda en moneda local “Arcoin” sin generar un descalce cambiario que lleve a un default como en 2001 con la convertibilidad con el dólar.

Si eventualmente logramos implementar esta idea, ¡quizás esta séptima moneda sea la vencida!

Fuente imagen: bitcoinexaminer.org

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