¿Acaso que es la selfie sino la tecnología riéndose en nuestra cara? Según el aclamado filósofo coreano (pero de escuela alemana) Byung Chul-Han, el narcisismo es el paso previo a la depresión. La sociedad neoliberal que gobierna al mundo actualmente ya no tiene un enemigo exógeno (tal como lo fue el lobo primero, la rata después y el virus hasta hace poco) sino que ahora nos ataca por dentro, alimentando a esa figura tan mitológica como real descripta por Freud: el ego.

La selfie sincera algo que todos hemos hecho alguna vez: una forma de mirarnos al espejo y desnudar precisamente a ese ego. En un descubrimiento literalmente alucinante, el italiano Giovanni Caputo reportó en la prestigiosa revista New Scientist que si uno se detiene a mirarse a sí mismo en un espejo dentro de una habitación con poca luz, a los diez minutos la percepción va a notar presencias y expresiones que no se encuentran físicamente en el lugar (pero sí en nuestra conciencia). Si bien es prematuro sacar conclusiones aún, el oscuro viaje que propone Caputo echa luz sobre algunos fenómenos importantes de nuestra conciencia. ¿Podremos alguna vez decodificar al ego?

Como si levantar el teléfono para colocarlo frente a nuestra cara no fuera suficiente, las compañías de tecnología líderes están apostando fuerte por el hardware que se inyecta directo en la mirada. Google Glass fue el primer hito importante en esta dirección. Y la reciente adquisición de Facebook de la empresa especializada en realidad virtual Oculus Rift en dos mil millones de dólares, termina por ser una validación contundente sobre la computación gráfica que se viene.

¿Por qué la realidad virtual ahora sí tiene potencial?

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Algo notable de la adquisición de Oculus Rift, es que se trata de la primer adquisición de una empresa creada usando financiamiento colectivo usando Kickstarter.

Los últimos avances en computación gráfica ya no se tratan de meter más pixeles en menor espacio (la pantalla Retina Display creada por Apple hace que a simple vista ya sea indistinguible un pixel del otro). Sino que ahora, lo que se busca hackear no es el hardware físico sino el biológico: cómo funciona la visión en nuestra mente. El Chief Scientist de Oculus Rift, Michael Abrash —quién trabajo directamente con John Carmack, la leyenda de la computación gráfica y los video juegos por haber creado el Wolfenstein 3D y el Doom, los primeros First Person Shooter– compartió en una conferencia reciente su gran epifanía: la clave de la realidad virtual esta en lograr la experiencia sensorial y cognitiva de lo que él llama presencia.

¿En que consiste la presencia? Gran parte del trabajo mental de observar son tareas inconscientes que realiza nuestra mente. La información que el cerebro recibe de nuestro ojo no es exactamente tal como la intuímos que es. Por ejemplo: si bien pensamos que miramos todo exclusivamente a color, en la periferia de lo que nuestra cornea percibe, en realidad lo hace en escala de grises (sin color). Ese diseño de la evolución pareciera estar hecho para priorizar la detección proximidades laterales, y el costo computacional del color se hace exclusivsamente para aquello donde enfocamos nuestra mirada. Generando inputs de este estilo en plataformas de realidad virtual, se pueden crear experiencias interactivas imposibles de diseñar en cualquier otra forma de entretenmiento o consumo de información. Solamente probando al Oculus Rift se puede entender la sensación de lo que su hardware logra.

Otro extraordinario bio-hack es el de Spritz: cuando leemos un texto (tal como el que esta viendo ahora), el 80% del tiempo estamos moviendo nuestro ojo en el mapa textual mientras el otro 20% del tiempo estamos efectivamente comprendiendo lo leído. Con la tecnica del spritzing, el ojo se enfoca en un punto fijo y las palabras se disparan una atrás de otra de manera secuencial. De ese modo podemos pasar de leer textos dos a cinco veces más rápido, muy fácilmente. Ellos afirman que una novela como “La Guerra y la Paz” podría completarse en diez horas. El hardware intrínseco para esta aplicación indudablemente es algo como Google Glass. Si bien hay un goce bien real en leer despacio, también es cierto que a veces uno desearía poder decir como Keanu Reeves en Matrix: “I Know Kung Fu”. Estas tecnologías que buscan profundizar la simbiosis entre información y mente, apuntan a eso.

Comparto con Byung Chul-Han que la amenaza de una sociedad narcisista es real. Pero la crítica no debe apuntar a la tecnología sino al hombre. Esta también trae consigo el potencial de conectar y llevar nuestras conciencias a niveles solo imaginados. Habiendo estado la última semana con los banqueros más importantes de América Latina, estoy convencido que una sana métrica de progreso para el futuro de nuestros países no es una de PBI, sino una que se enfoque en garantizar el acceso universal a la red: con ella viene conocimiento, comunicación y una universalidad única que deja como única conclusión política posible la vía de la democracia.

Pero estemos atentos.

Fuente imagen: www.veoverde.com

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