Voy a empezar con una bomba y voy a ser muy franco: detesto los Demo Day. Los detesto porque son, en su más pura esencia, un día perverso de circo mediático que generalmente sirve más al organizador que a los emprendedores. Son una pérdida de tiempo para el emprendedor en serio y, en la mayoría de los casos, afectan negativamente al proyecto. En inglés hay una palabra hermosa que no existe en el español: se diría que le hacen un disservice.

Soy el primero en lanzar la piedra aunque no estoy libre de pecado. Lejos de estarlo. De hecho, en mi carrera emprendedora, he tenido la oportunidad de pitchear en muchos Demo Days a nivel regional en América Latina. He estado pitcheando en Demo Days arriba de escenarios en Chile, por supuesto, más veces de las que recuerdo ahora, pero también en Brasil y en Miami. Yo era un Demo Day Whorede hecho, fui nombrado Mr. Pitch, cariñosamente, por mis compañeros en una incubadora bastante conocida de la que ya he “egresado”-. Sin embargo, toda esta experiencia en Demo Days no me ha logrado ni un solo dólar de inversión, directo ni indirecto.

Nunca he logrado levantar plata gracias a un Demo Day y no conozco a nadie que lo haya hecho. Probablemente, ninguno en América Latina. No tengo datos duros, es algo difícil de cuantificar objetivamente, pero si alguien tiene un contra ejemplo, antes de dejarme comentarios escatológicos, que piense en lo siguiente: si existe una startup lo suficientemente disruptiva e innovadora, que la está rompiendo con un producto de primera y un equipo de “ex-Googlers”, tengan por seguro que el inversionista serio ya estuvo conversando con ellos y quizás hasta ya le haya enviado un Term Sheet, mucho antes del evento público del Demo Day. Las oportunidades buenas de inversión les llegan a los mejores y más activos inversionistas primero, quienes tienen sus canales desarrollados como para no depender de Demo Days para su deal flow. De hecho, los inversionistas que dependen de los Demo Days para conocer startups están muertos o en camino a la extinción.

El sistema de Demo Day se ha ido degenerado en los últimos años a tal punto que el evento como tal perdió toda relevancia y ahora es meramente un parámetro de comparación entre incubadoras y aceleradoras. Qué tan grande y qué tan mediático, y si lo hacemos en San Francisco o Sao Paulo (si tenemos que viajar todos para allá mejor), o si se organiza en conjunto con alguna entidad del gobierno y si vienen más inversionistas y si el salón es el del Intercontinental o el del Hyatt y si sale en Techcrunch o en Mashable o en Diario Pulso. El Demo Day hoy en día es un concurso de escupitajos entre incubadoras para demostrar quién tiene más redes, más plata y quién supo elegir a los mejores pitchers que nunca se equivocan y hablan con seguridad.

Como el Demo Day es un evento tan importante para la incubadora -y ofreciendo otra muestra de la perversión del sistema-, ella se ve prácticamente obligada a invertir recursos en entrenar, a veces hasta dos meses antes del evento, al que va a pitchear: no sea que se equivoque o que le falte dinamismo. Con coaches, psicólogos y mentores, el que va a pitchear debe prácticamente olvidarse de correr su empresa, olvidarse de sus clientes, de su producto, y debe ahora enfocar todo su tiempo y más, en crear un Pitch Deck bonito, diferente, conciso y además entrenar el pitch como si estuviera entrenando las líneas de la obra de teatro de fin de curso. Y pobre de él si no tiene un slide que muestre a la competencia en un eje de coordenadas y se ponga a él mismo en el cuadrante de arriba a la derecha.

En el día del Demo, los pitchers ya entrenados y acicalados, desfilan uno por uno haciendo sus gracias en el escenario tal si fueran monitos en el zoo. Mientras tanto, del otro lado, “inversionistas” y la prensa pretendiendo interesarse en los monólogos ultra ensayados de los emprendedores, quienes a su vez pretenden estar divirtiéndose como si estuvieran diciendo sus líneas por primera vez. Juro que uno de estos días no va a faltar que luego de los merecidos aplausos al finalizar los cinco minutos de pitch, los inversionistas tiren unas galletitas en forma de jirafa a los emprendedores.

Pero, entonces, ¿el Demo Day es todo malo? La ironía es que quizás no sea tan malo como parece. Perverso sí, pero malo, no del todo. Siempre en un Demo Day habrá prensa, lo que es bueno si se hace un buen pitch. También, el hecho de juntar un montón de emprendedores en el mismo espacio con algunos -malos- inversionistas, puede propiciar casualidades afortunadas y serendipia en el mediano y largo plazo.

Hay incubadoras que directamente se cansaron del Demo Day y lo eliminaron por completo. También, como ejemplo local, hay quienes lo están intentando reemplazar por un evento de live crowdfunding, como el caso de mis amigos de Co-Work, donde buscan propiciar inversión en el mismo evento. Otra modalidad, por ejemplo, es la que ofrecemos en el Founder Institute. Una buena alternativa a los ángeles que están buscando buenos proyectos: vengan a mentorearlos durante cuatro meses. Si bien existe un día de “graduación”, donde los que se gradúan hacen su pitch a un panel, éste está conformado con los mismos mentores que han venido trabajando con ellos durante todo el curso. Esta modalidad fue tremendamente exitosa, propiciando numerosas inversiones por parte de los mentores.

Recordemos entonces que el Demo Day como tal, hoy en día está diseñado puramente para los medios. Y mientras el emprendedor tenga claras sus expectativas sobre ese día, podría eventualmente llegar a utilizarlo de manera inteligente como plataforma de difusión, pero nada más…

Fuente imagen: funny-pictures.picphotos.net

Compartir