Un amigo emprendedor me preguntó hace poco a través de Twitter como veía la educación superior en los próximos siete años. Aproveché su pregunta, y la ayuda de un colega Global Shaper de Córdoba (también fanático de la educación y la innovación) visitando Buenos Aires, para bajar de una vez todo lo que tengo en la cabeza sobre estos temas a ideas concretas de posibles futuros.

Aclaro que voy a introducir varios conceptos que se desarrollarán en mayor medida en próximos posteos. Cada uno de ellos (y varios que omito o me olvido) dan pie para miles y miles de caracteres. No voy a intentar hacer futurología ni establecer verdades. La idea es tan solo aportar al debate, desde mi visión, sobre el futuro de la educación. Ojalá que también dispare ideas, discusiones, propuestas y me escriban en cualquiera de estos casos.

1. La educación hoy está marcada por el “credencialismo” o los certificados. Centralizados en un Ministerio de Educación que le da potestad a quien considera correcto para entregar “títulos”, y estos después son la moneda de cambio que aceptan las empresas. Parte del quiebre del sistema va a venir por este lado: quiénes entregan los títulos o qué se considera necesario mostrar como credencial de que sabés lo que decís saber a la hora de conseguir un trabajo (de forma independiente o en relación de dependencia).

2. Por otro lado, están los profesores. No todos son buenos en la misma universidad, la misma carrera y la mayoría son aprendices de maestros. Poder tener al mejor profesor de cada disciplina es difícil pero posible. A partir de ahora vamos a poder acceder a la persona que más sabe, por ejemplo, sobre Matemática o Diseño, a escala global incluso. Y sino, tenés un facilitador que te ayuda a incorporar conocimientos pero sin ser el mejor (no me meto en el “cómo”).

3. Un aspecto de amplia relevancia en Argentina en particular es poder elegir qué estudiar. Y no me refiero a qué carrera sino a qué curso. En Argentina no hay flexibilidad: elegiste estudiar Ingeniería Industrial y un organismo estatal define, en conjunto con la universidad, las 56 materias (en el caso de esta carrera) que tenés que hacer. Punto. En el mundo de hoy del on-demand, esto ya no puede correr más.

4. Podemos hacer también una analogía entre la producción de software y la educación. Antes tomaba tres, cuatro, cinco años (o más) el desarrollo de una aplicación y hasta que no estaba terminado, no entraba “en acción”. Ídem la educación: estás metido en la carrera durante cuatro o más años y recién cuando terminás, salís al mercado laboral. No sabiendo si entendiste lo que aprendiste al no haberlo puesto en práctica de forma inmediata. Quizás no te acordás lo que incorporaste y seguramente estás desactualizado. Hoy se usa SCRUM para el desarrollo de software. Versión 0.0.1, 0.0.2, etcétera, y siempre te estás actualizando hasta en términos semanales (!). Creo que la educación debería ir por el mismo lado: lo que se conoce en inglés como “life-long learning” o aprendizaje continuo. Nunca dejás de aprender, lo hacés a medida que lo ponés en práctica y avanzás en tu camino profesional. Un término que acuñó mi socio Gonzalo Orsi, “EaaS” o “Education as a Service”. Chau Windows 95, chau carreras larga.

5. Llegando al final, creo que el mundo vive un proceso de descentralización de nuevo. Pasamos de las “Ciudades Estado” a los grandes países y ahora volvemos a la Ciudad como ente de importancia (marca ciudad tipo la de Nueva York, o ranking de ciudades innovadoras, etcétera). Incluso sub-organizaciones que rompen las estructuras conocidas. Pasó lo mismo con cómo aprendíamos, a mi entender, por las oportunidades de comunicarse, de compartir información: el conocimiento estaba concentrado en las universidades, en grupos de personas o centros de estudio. Si querías aprender tenías que ir hasta ahí o, a lo sumo, estabas en el circuito de cartas de alguna pequeña asociación de letrados, científicos o ilustrados. Con la masificación de la educación se pasó a la concentración, los espacios gigantes para acomodar más y más personas, cada vez más caro. Es el momento de ir en la dirección opuesta pero conectados.

6. Último. Todos aprendemos de una forma distinta. Todos tenemos habilidades y capacidades distintas. Cada persona es un mundo. Continuar agrupándonos por año de nacimiento o por exámenes de pre-filtro como si luego el avance fuera el mismo para todos (en la carrera en general o dentro de un curso en particular) no tiene sentido. El objetivo es que cada uno pueda adaptar la educación a su aprendizaje. Y también que no se aprenda solo sino como siempre se hizo (pocas cosas nuevas bajo el sol): en comunidad. Como dice el proverbio africano: “Se necesita de todo un pueblo para educar a un niño”.

En función a todo esto, creo que en los próximos años va a ver una fractura con el sistema tradicional. Hay que ver si este sistema es el que se adapta o se lo “comen” las nuevas organizaciones y propuestas. Puede que la gente se adapte o no. Lo único que sí creo que es seguro es que soplan vientos de cambio.

Fuente imagen: www.sergimateo.com