Como, lo prometido es deuda, regresamos en #BehindTheGame con la segunda parte de la increíble historia de Tim Schafer. Si no leyeron la primera, pueden hacerlo aquí.

Double Fine Productions, la propia compañía fundada por Tim, empezó en julio de 2000 y encontró a un Schafer mucho más veterano y seguro de sí mismo. Y esto, no es para menos, ya que los juegos creados por él para LucasArts habían sido conocidos por todo el mundo y habían generado una gran base de fanáticos de su trabajo.

Su primer lanzamiento independiente fue Psychonauts, un juego que fue bien recibido por las críticas, pero que vendió la triste suma de 120.000 unidades. Pero, se convirtió rápidamente en un objeto de culto y Double Fine comenzó a hacer ruido en la escena del gaming.

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Cuatro años más tarde,el 19 de octubre de 2009, con la colaboración de Electronic Arts, lanzan el segundo título de la empresa: Brutal Legend. Gracias a una inmensa campaña de marketing, el mismo superó el millón de copias vendidas en todas las plataformas. Desafortunadamente, por el alto costo de producción, el millón de copias fue una decepción y como reacción, a esta mala experiencia, la empresa comenzó a dedicarse a proyectos de menor presupuesto.

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En septiembre de 2010 Schafer contrató a su amigo y ex colega, Ron Gilbert (otro de los creadores de Monkey Island). Juntos lanzaron Stacking, un juego de puzzle centrado en Rusia durante 1930 donde controlamos personajes en forma de mamushkas que se meten dentro de otros.

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LEER TAMBIÉN: Tim Schafer, la mente detrás de Monkey Island (Parte 1)

En febrero de 2012, se anunció un nuevo juego que iba a ser financiado en Kickstarter. Schafer tenía la esperanza de no necesitar empresas que lo publiquen sino que, fans de los juegos de aventura de la vieja escuela, junten suficiente dinero para llevarlo a cabo. El proyecto logró el presupuesto deseado de USD 400.000 en 8 horas. El juego iba a llamarse Broken Age y terminó recaudando USD 3,2 millones. Todo parecía que iba a la perfección: habían conseguido mucho más dinero que el que tenían en mente,  por lo que el desarrollo iba a ser, más ambicioso y el resultado final de mayor calidad.

Todo iba bien hasta que Schafer hizo sonar una alarma: hacía falta más dinero para seguir adelante con aquel proyecto. El escepticismo y la crispación crecieron por doquier: ¿cómo podía hacer falta más si habían conseguido más de lo esperado? Se habían ido del alcance con el diseño del juego y habían creado más de lo que tenían en mente. Por un momento todos los que habían apoyado el proyecto en Kickstarter empezaron a pensar que el juego no iba a ver la luz y que su dinero había sido utilizado para un proyecto que no iba a existir. Pero, finalmente la empresa anunció que el título iba a estar a la venta en poco tiempo.  La ira de los inversores se fue calmando y por fin, el quince de enero del 2014, Double Fine cumplió su palabra y demostró que el dinero de los más de 87.000 inversores no había caído en saco roto: Broken Age era una realidad. Y no sólo ha llegado sino que ha cumplido con las expectativas que se habían puesto sobre este equipo de desarrollo. ¡El juego es increíble!

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Esta ha sido la historia de Tim Schafer, un desarrollador cuya pasión inspira y hace de la industria de los videojuegos, un lugar mejor, día a día. Por suerte, aún nos queda muchos juegos para ver de él.

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