A medida que la tecnología avanza, algunas invenciones que creíamos mera ciencia ficción comienzan a ser una realidad y traen nuevas soluciones a problemas de salud. Un área de la tecnología revolucionando todo, es el campo de las prótesis, donde impresoras 3D permiten la unión de doctores e ingenieros para reconstruir extremidades mucho más rápido y barato que nunca (especialmente para niños). ​Para estos últimos, las prótesis 3D tienen los mayores beneficios, ya que no pueden mantener la misma prótesis por mucho tiempo, debiendo pagar grandes cantidades de dinero en muy corto plazo.

La historia de Daniel Omar, un joven sudanés de 14 años a quien una bomba le voló las manos puede llegar a enseñarnos algo muy valioso de impresión 3D. Probablemente se trate de un milagro de la tecnología que ocurre a nuestro alrededor y nos está pidiendo detenernos a observar. Luego del accidente, el Dr. Tom Catena, un cirujano norteamericano que vive y trabaja en su país, salvó la vida de Daniel. Pero la historia se vuelve mucho más feliz con la intervención de Mick Ebeling, el co-fundador y CEO de Not Impossible Labs, una empresa dedicada a derribar desafíos médicos, usando métodos de bajo costo o de código abierto. Mick viajó a Sudán conmovido por la historia. Ebeling y Catena trabajaron juntos para generar un laboratorio en el hospital local. Utilizando impresoras 3D, construyeron prótesis de bajo costo, diseñadas para ser simples y accesibles para que cualquiera que las necesite pueda obtener una. El brazo que Daniel recibió cuesta cerca de 100 dólares y puede crearse en unas seis horas. No puede hacer todo lo que su brazo hacía: el control de los dedos no es preciso, no puede levantar grandes pesos y requiere características especiales para ciertos trabajos como levantar utensilios al momento de comer. Sin embargo, es capaz de recobrar un porcentaje de independencia que los afectados por la guerra han perdido. Después de recibir su nuevo brazo, Daniel se alimentó solo por primera vez en dos años y ahora es él, el que está esta ayudando a producir otras extremidades para otros.

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Vayamos a una historia mucho más cercana en América Latina. Jóvenes argentinos fabricaron una mano con una impresora 3D que cumple con las facultades prensiles con las que soñaba Felipe, un niño de 11 años que nació sin su mano izquierda. Desarrollaron así una técnica capaz de reemplazar una prótesis de 40.000 dólares por este modelo de, tan sólo, 250. La primera responsable de esta historia con final feliz es Ivana Giménez, la mamá de Felipe. Con el afán de resolver el deseo de su hijo, se puso en contacto con Rodrigo Pérez Weiss, un emprendedor de 33 años que vive en Buenos Aires y es dueño de la empresa 3D LAB Fab&Café. Y con Gino Tubaro, su socio, un inventor de tan sólo 18 años.

“Me había enterado del caso de un estadounidense que le había impreso una mano a su hijo y empecé a buscar en internet. Ahí entré en contacto con 3D LAB y los dos socios”, afirma Ivana. La familia de Felipe vive en Tres Algarrobos, a unos 500 km de Buenos Airesa, un pueblo de apenas 3.500 habitantes.

Los dueños de la empresa 3D le obsequiaron a Felipe lo que terminaría siendo también para ellos una prueba de un alcance infinito. “Iniciamos un proceso de investigación y bajamos modelos de internet y trabajamos en las adaptaciones, teniendo en cuenta las fotos que nos habían del brazo de Felipe, las medidas del muñón y una impresión gráfica de su mano derecha”, recordó Pérez Weiss. Allí, con una sonrisa de oreja a oreja, el niño demuestra cómo puede rascarse la cabeza, acariciar el rostro de su mamá, agarrar el mate y hasta pescar.

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¿Hasta dónde creen que llegará la tecnología? ¿En qué punto debe detenerse? Las posibilidades son infinitas.

Fuente foto: http://health.usnews.com/

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