Innovación y sustentabilidad. Si hay algo que estas dos palabras tienen en común es que representan realidades que todo el mundo quiere y nadie sabe cómo alcanzar. O al menos las marcas. En la era de la democratización de la información y el empoderamiento de los individuos, la voz que más resuena es la que pide un cambio en la responsabilidad que las empresas asumen frente a los desafíos ambientales y sociales.

El mensaje ya está claro y la necesidad de emprender la marcha en la dirección correcta también pero, ¿cuál es esa dirección? Definitivamente, se trata de un lugar nuevo, es una dirección que implica transformaciones hacia adentro y hacia fuera y, sobre todo, requiere tomar acciones concretas con resultados tangibles: construir innovación sustentable.

Semejante fórmula puede sonar utópica; lejos de eso, es una práctica que ya tiene grandes adeptos a lo largo y ancho del globo tanto desde adentro de las empresas como entre profesionales especializados en generar herramientas para la innovación estratégica, como el design thinking.

Esta metodología de resolución de problemas o desafíos se caracteriza su enfoque tridimensional: la comprensión profunda de las personas, los principios de diseño aplicados y la racionalidad para asegurar la viabilidad de las soluciones. En un equipo de trabajo, este triple enfoque se logra con la combinación de distintas disciplinas: Ciencias Humanas, Diseño, Ingeniería y Negocios.  La metodología consiste en seguir un proceso en varias fases, pero no se limita a eso. En el design thinking, las capacidades y las actitudes individuales (como la empatía, la creatividad y la apertura) importan tanto como la técnica.

Al tratarse de una serie de métodos combinados, el design thinking es sumamente versátil y puede aplicarse casi a cualquier tipo de desafío, incluso psicológicos o existenciales, para llevarlo a un extreme ilustrativo: se trata del modo en que se aborda una situación, partiendo de una pregunta estratégica y yendo directamente a entender holísticamente el contexto de la misma, las personas involucradas, etcétera. El proceso y todas las técnicas aplicadas a él se diseñan en función de esa pregunta y su alcance.

Definitivamente, se trata de un enfoque que serviría perfectamente a la detección de oportunidades para la sustentabilidad. Los problemas relativos al medio ambiente y la sustentabilidad suelen ser complejos y muchas veces encontrar la respuesta implica mudarnos de paradigma, descubrir nuevas maneras de hacer las cosas, inventar caminos y sobre todo, no cansarse de intentar soluciones una y otra vez. El proceso de D.Th. consiste justamente en esto, sostener la actitud de búsqueda, de prueba y error, hacerse las preguntas adecuadas para encontrar las respuestas correctas, las veces que haga falta.

Es claro que el consumidor en cuanto tal está cambiando. Hay una mayor responsabilidad a la hora de elegir las marcas y menos ingenuidad en cuanto a qué hacen realmente las empresas para reducir el impacto negativo tanto en lo ambiental como el lo social. La gran pregunta en todo esto es cómo mantener el crecimiento de una empresa haciendo al mismo tiempo un bien (o el menor mal realmente posible) al mundo que nos rodea. Para cada firma o producto la situación va a ser distinta, pero la pregunta se mantiene.

Otra vez, cuando el camino es desconocido, es clave dar los primeros pasos haciendo las preguntas correctas que arrojen luz. En este caso se trata de escuchar a las personas que utilizan los productos o servicios que ofrecen las marcas, entender de qué manera ésta relación puede aportar valor, para luego abrir al máximo nuestra creatividad enfocada a resultados. No se trata sólo de pensar ideas llamativas sino de encontrar una solución viable a los desafíos que se nos plantean.  Hay por lo menos un camino que ya está señalado.

Fuente imagen: sustentator.com

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