El consumo de Datos Abiertos debe ser pensado como un campo ilimitado y no como un contexto acotado. Las grandes empresas suelen combinar sus propios datos con los públicos –regionales, nacionales o internacionales- para, por ejemplo, poder percibir en que situación relativa se encuentran con respecto al entorno.

Los bordes de la utilización de Datos Públicos no se limitan tampoco a lo que proveen los organismos públicos. La academia, los medios, la industria, las empresas de servicios, los organismos supranacionales, los tradicionales reservorios de documentos como archivos y bibliotecas, etcétera, proveen una cantidad de datos infinita en términos prácticos. A esto faltaría agregarle todo lo que internet ofrece: Google, Facebook, Twitter, Wikipedia, YouTube, Amazon, por nombrar sólo casos emblemáticos.

Ante toda esta disponibilidad existe un modelo de trabajo que está generando interesantes aplicaciones. Imagínense que una comunidad (entendido como un “conjunto de personas vinculadas por características o intereses comunes”) acuerda compartir ciertos datos de uso común y estos son procesados y relacionados con datos complementarios de uso público, autoproveyéndose así de un servicio de valor agregado.

eduardopoggi

Podemos mencionar algún ejemplo trivial como los vecinos que comparten los precios y comercios de sus consumos cotidianos. Estos son procesados y comparados entre sí, con los precios testigos que publica el gobierno, con los publicados por las grandes cadenas de supermercados, las cámaras, las asociaciones de consumidores, etcétera. De esta forma, cada miembro de la comunidad puede comparar sus costos con los de sus pares comunitarios y actuar en consecuencia.

Este mismo modelo podría implementarse para usuarios de servicios de infraestructura (telefonía, electricidad, gas, Internet, cable) o sociales como educación y salud. Una comunidad bien podría estar conformada por miembros de una prepaga de salud de una determinada localidad, donde podrían compartir sus experiencias con el servicio recibido.

Existen otros modelos más interesantes desde el punto de vista productivo. Si consideramos la importancia de la explotación agropecuaria en la Argentina y la disponibilidad de sensores de todo tipo que son aplicables a este medio de producción, la información potencial es fenomenal.

Piensen que cada productor podría aportar datos de sus sensores climáticos, de riego, de salud de las plantaciones o animales, del uso de agroquímicos o alimentos, etcétera. Estos datos pueden ser combinados con otros provistos por: las agencias específicas (INTA, SENASA), por las universidades y centros de investigación, por las agencias de monitoreo del clima, hasta por las empresas proveedoras del sector. A su vez, se podrían enriquecer con los similares provistos por comunidades semejantes de otras regiones o países.

Este modelo requiere de cierto nivel de coopetencia (entendido como “la colaboración oportunista entre diferentes actores económicos que pueden ser además competidores”) dentro de la comunidad. La presencia de un actor que provea el servicio tecnológico también se vuelve –casi- imprescindible. Alguien debe capturar los datos de las distintas fuentes, limpiarlos, procesarlos y devolver el servicio. Una oportunidad para emprendedores de base tecnológica y conocimientos de gestión de datos, sobre todo de gran caudal.

Como expresamos en la primera entrega: los límites los determinan la imaginación y las leyes.

Fuente imagen: www.statetechmagazine.com

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