Mientras que en febrero pasado, tres periodistas de la BBC eran detenidos en Suiza por el uso de drones en una zona restringida, ese mismo mes otros tres periodistas de la cadena Al-Yazzera era arrestados en París por la misma causa, esta vez en un parque público. Los sucesos contrastaban de esa manera con el anuncio de la CNN en enero pasado, cuando dio a conocer la firma de un acuerdo con la Administración Federal de Aviación (FAA) que habilitaba a la cadena a integrar el uso de drones para recopilar imágenes e información. Esta última iniciativa tiene el objetivo de ser un precedente para la construcción de ecosistema consistente para el periodismo drone.

Los dispositivos no tripulados entran en escena para abrir aún más el abanico del periodismo al permitir captar imágenes que la tecnología tradicional no permite, desde imágenes aéreas de zonas remotas o inaccesibles hasta poder contar historias en zonas de desastres naturales, manifestaciones civiles o guerras, muy complejas o peligrosas de conseguir de otra manera. Los drones han permitido por ejemplo captar imágenes únicas de la “Primavera Árabe” o la “Umbrella Revolution” en Hong Kong.

Pero también está la cuestión de los costos. Medios como BBC, TF1 (Francia) o Russia Today utilizan sus drones frente a los altísimos costos de alquilar un helicóptero (unos 20 mil euros al día). Los costos de los drones, pueden variar según la calidad y las funcionalidades entre los USD 300 y los USD 3000.

En América Latina por ejemplo, la publicación salvadoreña “La Prensa Gráfica” utiliza drones para aumentar su cobertura informativa. En esa línea, son varios los medios en México, Perú y Brasil que han experimentado con drones. En Argentina en particular, el multimedios Clarín, Telefé y diarios como La Voz del Interior y Los Andes (Mendoza) también han sido de la partida pero todos chocan contra la falta de una legislación al respecto, en muchos países de hecho, están prohibidos en zonas pobladas sin un permiso especial. 

Esta aparente contradicción pone de manifiesto la problemática global que implica el vacío legal respecto de la actividad. En Estados Unidos, si bien no ha prosperado aún la creación de una legislación -pedida desde el gobierno- sí existen normativas que prohíben el uso de drones por parte de ciudadanos (aunque quedan fuera investigadores y policías por ejemplo), también opera la prohibición de su uso en parques nacionales y existen normativas específicas como la de California, que no permite que los paparazzi los utilicen para fotografiar famosos.

Pero el temor a atentar por la privacidad de las personas no es el único miedo, también hay preocupación respecto a si pueden colisionar con otro tipo de aeronaves o bien el daño que pueden otorgar a terceros o bienes personales en el caso de caer o chocar. El otro eje de discusión que no está resuelto aún es que no existe aún licencia para pilotos de drones, cuestión que facilitaría la reglamentación de la actividad por ejemplo para camarógrafos, fotógrafos o periodistas.

Ninguna de estas cuestiones impide sin embargo que el mercado avance. En la amplia oferta de drones doméstica disponible (en Argentina es posible encontrar en MercadoLibre drones entre los 2500 y los 60 mil pesos) peso, estabilidad y calidad de la cámara definen el costo. Este último punto es fundamental para el periodismo.

La empresa Inmarsat por caso, lanzó un drone que distribuye comercialmente con mucho énfasis en su capacidad para transmitir contenido multimedia en vivo llamado Parrot Bebop Drone. A través de BGAN y BGAN HDR, servicios de streaming 3G IP globales de la compañía es posible difundir planos aéreos de alta resolución desde cualquier lugar del globo. El servicio también duplica la velocidad de transmisión disponible sin necesidad de routers o dispositivos externos, lo que simplifica la vida cotidiana de los comunicadores. En la misma línea la firma ya había presentado otros dispositivos que facilitan el trabajo de los periodistas como por ejemplo IsatHub un dispositivo que permite conectar smartphones u otros móviles inteligentes con un servicio global 3G con el objetivo de dar señal aún en los  lugares más remotos y poder enviar artículos, tweets, actualizaciones de redes sociales y todo lo que deseen aún sin cobertura.

Tampoco el vacío legal impide que el impulso al periodismo drone avance. Tres años atrás la  Sociedad Profesional de Periodismo Drone o “Professional Society of Drone Journalists”, (PSDJ) se convirtió en la primera organización internacional que trabaja por un marco ético, tecnológico y educativo respecto de la actividad e incluso ha redactado un  Código Ético.

También se han sumado otras iniciativas. Según comenta PeriodismoCiudadano.com el proyecto African Sky Cam se relaciona con la creación de una red de drones capaces de cubrir todo el continente africano. Por su parte, Universidades como Nebraska incluyen esta tecnología como parte de sus planes académicos al ofrecer especialidades como “Periodismo Drone” apoyados por el Drone Journalism Lab, un laboratorio de periodismo que explora justamente las posibilidades que abre esta tecnología.

¿Cuál puede ser el futuro de esta tecnología respecto de la actividad periodística? Como con muchas otras tecnologías, la normativa formal respecto de su uso recién es tomada como debate en la opinión pública, gobiernos y sector privado cuando comienza a masificarse y los intereses de varias partes entran en verdadero conflicto. Si en mercados maduros como US y Europa aún cuesta avanzar, en América Latina estamos lejos de esto y apenas en una etapa preliminar de exploración.

 Fuente fotografía: Prensa Inmarsat

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