Tomarte fotos, contarte cuentos por las noches, darte algún consejo o realizar una videollamada. Todas estas habilidades, tranquilamente podrían ser las de cualquier papá, sin embargo son las de un integrante de la familia un tanto particular, de 28cm de altura, base de 15cm,  2.7kg de peso, hecho principalmente de aluminio y plástico blanco y con una pantalla táctil de 5,7 pulgadas de1920×1080.

Se trata de Jibo, presentado un año atrás y definido como el primer robot familiar del mundo, un robot de escritorio con una capacidad de interacción emocional que lo habilita a cualquiera de las tareas descriptas con solo darle una orden.

Los principios de la robótica social –el estudio de los robots que son capaces de interactuar y comunicarse con los humanos y el medio ambiente- son las bases de Jibo. Con logrados gestos y emociones humanas, el robot es capaz de incorporarse y responder adecuadamente a los vínculos familiares: se le puede rascar la cabeza  o darle una palmada mientras que tiene la capacidad de hacer reconocimiento facial de los rostros de la familia y hasta dar consejos. La pantalla es tanto su rostro como screen multimedia, apto para video llamadas y además se expresa con gestos y palabras.

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La robótica social es aún un campo que tiene mucho por explorar. El salto cualitativo que promete la robotización es la automatización llevada a escala social, de la aplicación en la industria automotriz por caso a una tarea de asistencia social o cuidado de personas, una verdadera revolución para la subjetividad de las personas y las sociedades.

Entre quienes estudian los impactos de la robótica social se encuentra el mexicano Eduardo Benítez Sandoval, quien se encuentra realizando un doctorado en el Laboratorio de Tecnologías de Interfaz Humana (HIT Lab por sus siglas en inglés) de la Universidad de Canterbur, Nueva Zelanda y donde explora el modelo de reciprocidad en Interacción Robot-Humano basado en datos experimentales.

Las preguntas que el investigador intenta resolver se relacionan al nuevo vínculo humano-robot: ¿trataremos a los robots como iguales? ¿Qué factores fomentan un trato más o menos igualitario? A través de sus investigación analizó la posibilidad que los robot tomen roles como por ejemplo la enfermería de personas de gran peso, niñeras, bomberos, entre otros. “Los robots como liberadores. En el futuro, éstos podrían desarrollar posiciones aburridas o repetitivas. Eso le daría a los humanos tiempo libre para dedicarse a otros talentos como escribir, pintar o educar a otros” explica el investigador.

El experimento apuntó a analizar aspectos, filosóficos, psicológicos, antropológicos, cognitivos y sociales en la interacción humano-robot. Consistió en la utilización de robots humanoides programados para jugar de forma aleatoria o recíproca con humanos y reaccionar en función de la respuesta de la persona. Los robots podrían hablar, imitar sus movimientos, hacer reconocimiento de voz, facial y hasta de comportamiento humano. Los juegos elegidos fueron los de decisión, el “Dilema del prisionero” y el “Juego del ultimátum”.

En el “Dilema del prisionero” el robot disputó 10 rondas frente a 60 personas de distintas nacionalidades. El juego plantea un conflicto social: dos criminales son detenidos y encerrados por separado, interviene un policía que sospecha que robaron un banco y promete a ambos liberarlos si culpan al otro del delito. Las alternativas para cada prisionero son “cooperar” o “no cooperar” con su compañero aunque se ignora la decisión del otro. La cooperación de ambos los lleva a la cárcel por corto tiempo, si tan solo uno coopera, el primero quedará encarcelado por mucho tiempo y el otro saldrá libre. Sí ambos se traicionan pasarán más tiempo en prisión que sí cooperan. ¿Qué se demostró?

Los humanos tienden a ser más cooperativos entre ellos que con los robots con una excepción, el humano mostró reciprocidad frente a la estrategia “tal por cual” (el jugador repite la acción de su oponente en el siguiente ronda). El humano tendió a seguir el patrón de correspondencia.

En el “Juego del ultimátum” uno de los jugadores tiene dinero y tres diferentes opciones para dividirlo con su compañero; a la mitad, 20-80 por ciento y 80-20, la única condición es que el oponente acepte la propuesta, de lo contrario ambos se quedarán sin efectivo. ¿Qué resultó?

Nuevamente, las personas tienden a tratar como sus similares a los robots cuando estos muestran un comportamiento recíproco.

El estudio comprobó también que las mujeres tienen mayor disposición a que un robot esté cerca, en contraste con los hombres. “El robot hace algo positivo por una persona, ésta tiende a responder de la misma manera –concluyó el investigado- Estos podrían desarrollar posiciones aburridas o repetitivas y esto le daría a los humanos tiempo libre para dedicarse a otros talentos como escribir, pintar o educar a otros”

Fuente fotografía: 

Vanguardia

Fuentes consultadas:

CNN Expansion, Vanguardia

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