Es lo que hacemos aquello que nos define.

Cuando terminan los eventos que organizamos, siempre me hago en silencio la misma pregunta: ¿Cómo podría evaluar el éxito de lo que sucedió?

Hace unas semanas conocí a Juana. Con su pelo rubio y unos ojos enormes, Juana es uno de los motivos por los cuales las osadas convicciones con las que comencé Wazzabi se calan aún más profundo. La llegué a llamar una “maker de 6 años” y no le queda para nada grande. Sin saber si me la volveré a cruzar en otro taller de inventos, me encanta la idea de haber visto cómo ella descubría que un aspecto del mundo todavía inexplorado estaba al alcance de sus pequeñísimas manos, acompañadas quizás de un destornillador.

Mi principal motivación es el amor, pero jamás me presentaría como un hippie. Más bien me quedo con la máxima de Bertrand Russell:

“La buena vida es una vida inspirada por el amor
y guiada por el conocimiento.”
— Bertrand Russell —

Me gusta tirar abajo las barreras entre las personas, y también las barreras entre ellas y las cosas. Las barreras entre las personas y el mundo se caen solas si las primeras dos lo hacen.

Se trata de “ser un poco más como Clark Kent, y no como Superman”, trato de no olvidarlo en mi día a día. Me propongo darle poder a los demás; me nutro de las experiencias en las que alguien destierra un miedo.

Me propongo exaltar el potencial creativo de quienes me rodean; hacerles recuperar su ‘confianza creativa’.

Me gusta engañar a otros para que descubran de primera mano algo que creían no poder hacer: una vez que tenés aquello que creaste en la mano, difícilmente alguien pueda negar haberlo hecho.

Me dedico a entender cómo funcionan las cosas. Encuentro extático el explicar a los demás y creo que el brillo de los ojos curiosos podría ser suficiente combustible para mí.

Veo al dinero como un medio y jamás como un fin. Lo mido en la cantidad de cosas que podrían hacerse; lo veo como un recurso para aumentar el alcance y no mucho más que eso. Doné la totalidad de mis honorarios de Wazzabi para el financiamiento del grupo y no planeo cambiar esa política.

Creo exageradamente en las personas y en su voluntad para hacer que las cosas que hacemos con Wazzabi sucedan. Por eso creo en el amor y la pasión por lo que uno hace, así como la necesaria devoción puesta en las ideas que defendemos. Creo profundamente en que las personas son sensibles a lo que hay detrás de lo que hacemos, hasta el último esfuerzo; y creo en que las oportunidades se multiplican si uno se dedica a las ideas en las que cree y estas resultan ser dignas.

Creo que en el mundo hay muchas cosas que se hacen mal y creo en los errores como vehículo de cambio. Me propongo hacerme a un lado de la forma estándar de hacer las cosas e intento conocer y aprender para mejorar los procesos.

Creo que mucho daño han hecho las fórmulas del éxito y creo que el éxito empaquetado en charlas de 18 minutos o en algunos libros para emprendedores no invita a mejorar el mundo sino a repetir lo que se ha hecho antes, anulando la innovación.

Creo en que “un mismo problema no debería tener que ser resuelto dos veces”, y por eso creo que el conocimiento es uno de los mayores capitales humanos. Trabajo para que las personas hagan más cosas de personas mientras las máquinas hacen sus cosas de máquinas; creo en humanos junto a máquinas y no en humanos vs máquinas.

Creo en el poder igualador de la tecnología y no me olvido de que allá afuera hay millones de personas que antes que no saber lo que es el Tetris no saben lo que es ver agua correr de un grifo.

Creo en un mundo en el que las personas se reconocen por lo que las caracteriza y no deben dejar de lado sus intereses; donde lo que hacen responde a lo que quieren lograr, y su diferencia es lo que les da valor

Me inspiran mis más cercanos amigos, con quienes casi telepáticamente puedo completar las ideas semi masticadas que surgen de viajes de colectivo; amigos que van al mismo lugar que yo.

Trato de tomar valiosos aprendizajes sobre la educación de quienes se han visto en la loable tarea de acompañar a otros en la construcción del conocimiento; trato de no dejarme llevar por mi ímpetu de cambiarlo todo y escuchar a quienes han conocido en primera persona aquello que está tan mal de la forma en que se suele enseñar.

Me inspira el juego, la genuina energía creadora que surge de darle confianza a las personas para que enfrenten un desafío y construir entornos en los que el error no sólo es admitido sino que es en cierto modo deseado.

Hago lo que hago porque creo que es lo que hacemos aquello que nos define.

Hago lo que hago porque quiero que las personas no teman a lo nuevo y piensen de sí mismas como autoeficaces, como hacedores, como “valientes exploradores del abismo infinito”.

Hago lo que hago porque siento una profunda obligación de compartir lo que aprendo; hago lo que hago porque creo que reforzar nuestras comunidades a través de nuestra individualidad es parte del camino para vivir mejor.

Hago lo que hago porque creo que en un mundo hiperconectado no sólo importa que haya enlaces, sino también la forma en que estos se forman.

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