Esa misma pregunta le hicieron recientemente a Sam Altman, el presidente precisamente de Y Combinator. Usualmente esta organización suele ser descrita como una “aceleradora de startups tecnológicas” o un fondo de inversión especializado en capital semilla siendo la primer inversión institucional que un emprendimiento recibe. Pero la respuesta de Sam fue sorpresiva: “Es la evolución de la universidad.”

Si uno realiza una simple comparación entre lo que implica ir a la universidad y lo que consiste el programa de Y Combinator, podríamos afirmar que estamos ante dos cosas muy diferentes:

  • Graduarse de una universidad lleva al menos 4 años, mientras que graduarse de Y Combinator lleva apenas 3 meses.
  • En los Estados Unidos la universidad suele terminar endeudando severamente a los estudiantes, mientras que Y Combinator directamente aporta $ 120,000 a cambio del 7% de tu empresa o dona $ 100,000 en los proyectos que no tienen fin de lucro.
  • El porcentaje de admisión en las universidades más prestigiosas acorde a la cantidad de aplicaciones es entre 5 y 7% (tomando como referencia Stanford y MIT). En Y Combinator es menos del 2%.
  • En las universidades la curricula es impartida por los profesores hacía los alumnos. En Y Combinator los proyectos son gestados por los emprendedores (quienes tienen el privilegio de elegir cuando reunirse con algún partner y no necesariamente ajustarse a un plan de clases).

¿En qué aspecto es entonces Y Combinator una evolución de la universidad? Creo que alcanza con analizar el medio sobre el que se mueven una y otra. La universidad como arquitectura diseñada para impartir conocimiento se consolidó con el surgimiento de la imprenta en los tiempos de la Revolución Científica del siglo XVII: el libro es su principal dispositivo donde la competencia por el prestigio académico se basa esencialmente en la publicación de papers. Mientras que Y Combinator emerge bajo el contexto de un nuevo salto cuántico en el arco histórico de la humanidad: la Revolución Digital.

El software como medio es muy diferente al de la literatura: el objeto digital puede ser al mismo tiempo teoría y práctica. Cuando uno programa una computadora esta elaborando una formulación para resolver un problema y al mismo tiempo construyendo la propia máquina que se propone resolverlo. La diferencia entre el método científico y el digital es que uno se limita a las conclusiones obtenidas a partir de la observación empírica; mientras que con el software se puede iterar constantemente hasta dar con algo que genera el impacto deseado.

Desde ya que Y Combinator no es estrictamente una universidad y la declaración de Altman bien puede ser considerada una provocación. Pero es cierto que consiste de una institución que se basa en la intersección entre la búsqueda de innovación científica con la capacidad de generar trabajo. La diferencia radica en que las universidades en gran medida preparan a sus estudiantes para salir al mercado laboral, mientras Y Combinator forma emprendedores que directamente apuntan a abrir nuevos mercados que antes no existían. Los tiempos en los que vivímos indican claramente que hay una crisis educacional en el mundo y en ese sentido ver innovaciones como Y Combinator indicar un nuevo camino es algo que debe ser tenido en consideración.

En mi camada de YC hubieron emprendimientos de notable ambición: uno anunció haber encontrado una potencial cura para el ébola a un costo infinitesimal de lo que implica descubrir nuevos medicamentos; otro esta desarrollando cohetes impresos en 3D para bajar significativamente el costo de enviar satélites al espacio y ayudar así a brindar una nueva cosmovisión a la humanidad; otra empresa esta buscando despertar la anunciada internet of things creando una maleta consciente sobre su lugar en el mundo aprovechando toda clase de redes; o el equipo que ha logrado encontrar un modelo para que el proceso de aprender online tenga 10 veces más chances de completar el curso por parte de los estudiantes. (Estas últimas dos son orgullosamente latinoamericanas). Son apenas un puñado de ejemplos que surgen de las 103 compañías con las que he compartido tres meses de intenso trabajo donde en nuestro caso dimos los primeros pasos para internacionalizar DemocracyOS.

Todo indica que el modelo de Y Combinator va a ir creciendo considerablemente en los próximos años. Recientemente se sumó el prestigioso inversor Peter Thiel como partner, conocido por su tesis sobre la importancia de generar monopolios, algo que puede advertir sobre las ambiciones de YC. Lo más sobresaliente de la experiencia YC es que educan con el ejemplo: la propia organización todavía se siente como un startup en sus primeros días donde su propio sitio hackernews se enfoca en hacer lo minimo indispensable que aspira a realizar como producto. En sus primeros 10 años YC ha gestado proyectos como AirbnbDropboxCoinbasetotalizando más de 850 compañías invertidas. De ellas, el 91% sigue activa. Y su valor total combinado en el mercado supera los 30.000 millones de dólares (el equivalente a las reservas totales del banco central de mi país).

La mejor parte ha sido lo fácil que fue aplicar: nunca nos preguntaron por nuestros títulos (en mi caso jamás resistí más de 4 meses en una universidad) o incluso por nuestra situación de visas. El foco ha sido puesto siempre en el potencial de una idea. Esta claro que hay que poder demostrar de lo que un equipo emprendedor es capaz. Pero la pregunta de fondo que uno debe hacerse como emprendedor es si realmente puede gestar algo que cambie al mundo.

Quizás sea una pregunta imposible de responder.

Pero de lo que estoy seguro, es que no es algo imposible de intentar.

-Por Santiago Siri

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founder: @DemocracyOS @PartidodelaRed. partner: @Bitexla. member: @YCombinator @WEF @TED. book: #Hacktivismo.