El Home-office, remote-working, o como se lo nombre es una tendencia en crecimiento en los últimos años. Cada vez más y más empleadores le permiten a su fuerza laboral optar por trabajar desde sus casas, bares o co-workings, basicamente por no acudir todos los días a una oficina. Si bien es una alternativa muy válida y tiene evidentes ventajas en lo que a autonomía e independencia se refiere, el remote-working puede actuar en detrimento de la productividad si no se implementan algunas prácticas positivas para garantizar cierto nivel de estructura y comunicación.

Como Redactor y Community Manager de Red Innova, quién suscribe viene implementando esta modalidad de trabajo hace ya algunos meses y, en su opinión, estos son cinco puntos indispensables a la hora de establecer un formato de trabajo remoto.

1/ Definir las expectativas

El trabajo remoto conlleva una dosis de libertad y autonomía por la que cada vez más profesionales se ven seducidos. Manejar tus propios horarios y trabajar desde un espacio en el que te sientas cómodo son ventajas enormes de esta modalidad. La idea detrás de estas ventajas es que el empleado se sienta a gusto y esto impacte de manera positiva en su productividad.

Para lograr los objetivos propuestos, una muy buena idea antes de abordar esta modalidad es definir de manera explícita los deadlines y cuotas de trabajo que el empleador espera de uno mientras no acuda a la oficina. Dejar claros los objetivos y las condiciones del remote-working desde el día 1 es fundamental para implementarlo de forma exitosa.

2/ Establecer, y respetar, un medio de comunicación

Otra clave para maximizar la productividad y eficiencia de un home-worker se basa en los medios que este disponga para contactarse con la oficina y/o sus superiores. Es necesario determinar una vía de comunicación y mantenerse pendiente de ella en horarios determinados. Si el contacto es vía mail es importante leer y responder rápido, al no estar en la oficina es responsabilidad del empleado mantenerse disponible.

Hoy en día sobran las herramientas para esto; Gmail, Skype y Hangouts son la norma, sumados a la enorme cantidad de plataformas online de work-flow  management que existen. También resulta importante respetar los horarios; una avalancha de mails a las 2 A.M. puede resultar contraproducente.

3/ Decir presente de vez en cuando 

Por más avances innovadores que las se haya logrado en tecnologías de comunicación, el cara-a-cara sigue siendo la forma de comunicación por excelencia. Un remote-working saludable reconoce esto y actúa en consecuencia; una reunión cara a cara con su líder (o mejor, con el equipo entero) ayuda a mantener un vínculo saludable entre el trabajador y la oficina.

La línea entre el freelance y el home-office a veces es muy delgada y es importante respetarla. De ser posible, acercarse a la oficina una vez por semana y repasar objetivos, deadlines y progresos es una muy buena forma de asegurar una buena comunicación.

4/ Tomar responsabilidades

Lo interesante del trabajo remoto es que le permite al empleado tomar un rol activo en sus tareas y objetivos. Hacerse cargo de distintas tareas y adjudicarse nuevos roles de forma expresa (si el tipo de trabajo lo permite) reafirma la decisión del empleador de permitir esta modalidad. Si un empleado demuestra proactividad en el día a día el remote-working tiene mucho más valor.

Esta modalidad de trabajo es ideal para fomentar la independencia y la auto-gestión, idealmente esto se traduce a empleados con iniciativa propia. En este punto viene bien acudir a herramientas de gestión de work-flow como Asana, Jira o Basecamp, para mantener los esfuerzos coordinados y organizados.

5/ Mantener (cierta) estructura

El trabajo remoto es una modalidad excelente para trabajo creativo. Idealmente, le brinda al empleado un nivel de auto-gestión ideal para establecer sus propias condiciones y mejorar su rendimiento. En realidad, es necesario cierto nivel de estructura para lograr este pico de producción. Algunos tips centrales, que pueden o no aplicar a todos los trabajadores remotos:

  • Establecer una rutina y un horario: si el tipo de trabajo permite flexibilidad horaria, puede resultar mucho más eficiente que un trabajador disponga de su propia rutina. Un horario pre-determinado, con breaks de cierta duración y una distribución pareja de la carga de trabajo a lo largo del horario son herramientas útiles para que el empleado disponga su propia estructura, mientras la respete y se mantenga dentro de ella.
  • Tomar el amuerzo como una pausa: el home-office se presta a almuerzos que consisten de café y tostadas frente al monitor, por experiencia propia esto puede llegar a resultar contraproducente. Al estar en la oficina el almuerzo suele ser tratado como una pausa, un espacio para desconectar del trabajo y disfrutar de una buena comida. Respetar este espacio hace del home-office algo más relajado y productivo.

A modo de conclusión, puedo agregar que el trabajo remoto no es para cualquiera. El home-office implica más que trabajar en pijama, hay un nivel de auto-gestión y una obligación de mantener cierto rendimiento que pueden resultar incómodos para algunas personas.  A veces, la estructura de una oficina es necesaria para mantener la concentración y la productividad.

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