Al analizar un negocio o proyecto exitoso es difícil apuntar con seguridad a un sólo factor como responsable de los buenos resultados. En general, quienes están a cargo de este tipo de emprendimientos coinciden en que hay una multitud de variables que convergen para lograr el éxito del proyecto: un equipo de primer nivel, una idea innovadora, nuevas tecnologías, un mercado en auge, etc.

En este artículo queremos centrarnos en un rasgo de la personalidad que no siempre asociamos con el éxito. Cuando hablamos de líderes o visionarios solemos destacar su carácter, su pasión o su inteligencia, pero rara vez tenemos en cuenta ese factor que todos los emprendedores tienen en común: la duda.

Desde Steve Jobs hasta el fundador de un start-up en etapa de formación, todo emprendedor que se vea en el rol de líder debe lidiar con cierto grado de incertidumbre; ¿La idea es lo suficientemente buena? ¿El equipo es el correcto? ¿El mercado está listo para algo así? estas y miles de preguntas similares pasan por la mente de todo aquel con un proyecto en sus hombros.

Analicemos un poco más en profundidad cuándo es beneficioso mantener una perspectiva auto-crítica y poner en tela de juicio cosas que damos por ciertas.

Dudar de uno mismo

La fe ciega no es saludable. Esto aplica tanto en la vida como en los negocios. A la hora de proponerse llevar adelante un proyecto, es importante que uno haga una reflexión honesta y deje las cosas en claro: establecer qué necesita el proyecto y qué tiene uno mismo para ofrecer es un buen punto de partida. Es enorme el número de emprendimientos que fracasan por culpa del liderazgo, la rigidez y la falta de auto-crítica por parte de la gerencia son dos cosas que pueden condenar un proyecto desde antes que comience.

Dudar de cómo que se hacen las cosas

Start-ups como empresas multinaciones por igual pueden beneficiarse de este punto. Parar la pelota y preguntarse “¿Por qué esto se hace así y no de otra manera?” es un ejercicio fundamental a realizar periódicamente para encontrar la mejor forma de hacer las cosas. Desde avances tecnológicos y procesos productivos a la organización de la oficina y la dinámica de las reuniones, poner en duda factores puntuales de la forma en que funciona una organización puede ser el primer paso para encontrar su versión más saludable.

Dudar de las tendencias

Que todos los indicadores del mercado indiquen en una dirección no siempre significa que esa sea la dirección correcta. La especulación y el hype son factores que a veces atentan sobre el proceso de toma de decisiones. Juzgar la situación actual de forma objetiva y saber separa el “humo” del mercado con el rumbo verdadero son habilidades que distinguen a un verdadero líder.

Lejos de considerar la duda como algo negativo, es importante reconocer la importancia de no tomar nada por cierto y de tener la costumbre de cuestionar ciertas cosas.

Es cuestión de encontrar el balance entre la confianza en un proyecto y la duda metódica en sus compomentes. De esta manera, aplicada en el contexto adecuado, la duda puede funcionar como un motor de la innovación y el éxito.

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