Hace casi cinco días que el astronauta estadounidense Scott Kelly y su contraparte ruso Mikhail Kornienko aterrizaron sin inconvenientes en una región desierta de Kazakstán, luego de pasar 340 días viviendo a bordo de la International Space Station (ISS) orbitando el planeta Tierra.

Si bien 340 días no es el record por mayor estadía en el espacio, la relevancia de esta experiencia viene de la distancia recorrrida en órbita por los astronautas. En este tiempo recorrieron aproximadamente 230.154.440 kilómetros, lo que se aproxima a la distancia que separa a la Tierra y a Marte.

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Los viajes espaciales suelen tener una duración promedio de entre cuatro y seis meses. El objetivo de duplicar la duración es poder estudiar la forma en que los distintos factores de un viaje espacial prolongado afectan a los astronautas. Puntualmente, los estudios están apuntados a siete categorías; Motricidad, Salud Funcional, Impedimentos de Visión, Metabolismo, Desempeño Físico, Fauna Microbiótica y Factores Humanos.

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De esta forma, el objetivo principal de la misión apodada “A Year in Space” es determinar si es realmente factible que un astronauta viaje desde la Tierra a Marte y regrese, sin poner en riesgo su salud.

El hermano gemelo de Scott Kelly, Mark Kelly (un astronauta retirado) servirá como sujeto de control para la mayoría de las pruebas, para establecer un parámetro confiable y definir los efectos del viaje en el cuerpo humano.

Es gracias a este tipo de misiones que la NASA puede empezar a diagramar la posibilidad de un viaje tripulado a Marte. De esta forma los más aficionados de la ciencia ficción podemos empezar a soñar con algo similar a The Martian (Aunque con un resultado menos accidentado, esperemos).

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