El índice Promedio Industrial Dow Jones conocido como el Dow Jones o simplemente el Dow es uno de los índices de bolsa más antiguos en el mundo. Durante más de un siglo ha estado midiendo el desempeño de las acciones de las 30 empresas más grandes de los EEUU y, gracias a su larga historia, es tal vez el índice de mercado más famoso. Hoy solo una empresa se encuentra en Dow Jones que también estaba en 1896, cuando el índice se publicó por primera vez. Es la única empresa que logró mantenerse entre las líderes mundiales por más de 100 años, adaptándose a todas las dramáticas revoluciones tecnológicas que nos trajo el siglo XX mientras que la mayoría de sus competidores no sólo no están más en Dow Jones sino dejaron de existir hace décadas.
Esta empresa es General Electric. Originalmente fundada por Thomas Edison en 1892 como empresa de lámparas eléctricas hoy en día de nuevo se encuentra en el medio de una transformación histórica. GE está apostando su futuro a una tendencia tecnológica que la empresa llama la Internet Industrial, la idea de que con la miniaturización y la caída de precios de los componentes electrónicos ahora podemos agregar comportamiento inteligente y conexión a Internet a todas las máquinas industriales desde turbinas eólicas hasta camiones y trenes.
Este mismo fenómeno también es el motor subyacente detrás de los términos como ciudades inteligentes, internet of things, wearables, la red de todo y muchas otras tendencias digitales que están cambiando nuestra vida. En el fondo todas estas olas de transformación comparten el mismo origen — los precios de la computación y la conectividad se están volviendo tan bajos que ahora podemos agregar el comportamiento inteligente y una conexión inalámbrica a todas las cosas que nos rodean: a los autos, a los relojes, a los teléfonos, a los robots voladores que llamamos drones. Y cuando agregamos sensores, un CPU y una conexión inalámbrica a un nuevo objeto, este objeto de repente existe no solo en el mundo físico sino también tiene un avatar en la red. Las cosas que nos rodean desde las maquinas industriales hasta los autos y relojes ya no son simplemente productos sino que se vuelven un nuevo punto de conexión entre el mundo físico y el mundo digital. Todo se vuelve hardware y la increíble flexibilidad de software ya no es más sólo para las computadoras sino para todas las cosas en nuestro alrededor.
Es un cambio en la naturaleza de los productos cuya magnitud es difícil de comprender en completo y las empresas de tecnología están compitiendo una con otra con pronósticos que a veces parecen exagerados. Ericsson promete 50 mil millones de dispositivos conectados a la red en el año 2020, más de 7 para cada persona en el mundo; General Electric predice que la Internet Industrial va a sumar 15 trillones de dólares al PBI mundial en los próximos 20 años, un importe igual al entero PBI actual de los EEUU; John Chambers, el CEO de Cisco Systems recientemente dijo que la Red de Todo es una oportunidad de más de 19 trillones de dólares para las empresas de tecnología.
Si bien estas empresas tienen un incentivo propio para su optimismo y las predicciones de tendencias nunca son ciertas, es fácil de ver las razones para su entusiasmo. Estamos viendo una gran convergencia entre el mundo informático y el mundo industrial, una fusión de las dos grandes revoluciones donde casi cada máquina, cada auto, cada reloj y cada electrodoméstico puede beneficiarse de las habilidades inteligentes para darnos productos más conectados, máquinas más confiables y una manera mucho más eficiente de usar los recursos de nuestro planeta.
Muchos críticos dicen que estas predicciones no son realistas y en parte son nada más que “humo” vendido por las empresas. Además, los desafíos técnicos asociados con Internet of Things son enormes. Sin embargo, la popularidad de servicios como Uber y Tinder y el potencial de los dispositivos conectados como el reloj de Apple para revolucionar los ámbitos de salud y cuidado de personas mayores nos dan un presagio de los profundos impactos sobre la economía, la cultura y nuestra relación con la tecnología que puede causar la disponibilidad de sensores conectados e indican que el momento bisagra está llegando hoy.
¿Por qué, por ejemplo, Uber y Tinder aparecieron en la segunda década del nuevo siglo y no en 2005 o 1995? El mundo estaba lleno de gente buscando taxis o parejas en aquel entonces al igual que hoy; así que si no existían, seguramente no es por falta de demanda. En ambos casos, la pregunta tiene la misma respuesta: la dramática caída de los precios de los chips de la geo localización y la disponibilidad casi universal de internet inalámbrica que llegó sólo en los últimos años.
Uber y otras aplicaciones parecidas funcionan gracias al chip de GPS, un componente que comunica con un conjunto de satélites en órbita alrededor del planeta. Estos satélites usan el método de triangulación para ubicar el chip que puede indicar la ubicación del pasajero, auto o la pareja potencial. Los chips GPS costaban varios miles de dólares en los años 80s, bajaron de precio hasta USD 500 en 1997, mientras que hoy salen tan solo 2–3 USD. Ahora cada auto y cada teléfono puede tener un GPS sin afectar mucho su precio, algo que hace tan solo 10–15 años no era posible.
Lo mismo pasa con todo tipo de componentes electrónicos. Un chip de 2,000 transistores que costaba 1000 USD in 1970, en 1990 bajó a 1 USD y hoy en día cuesta menos de 2 centavos. En un solo fin de semana largo en 2014 Apple vendió más poder computacional en sus teléfonos que el equivalente al poder computacional del mundo entero en 1995.
¿Qué puede ser más aburrido que hablar de los precios históricos de los CPUs y chips GPS? ¿A quién le importa? La verdad es que nos importa a todos. Cuando un CPU, un chip GPS, una cámara de fotos, un modem de conexión inalámbrica cuesten menos que una taza de café, la manera de que percibimos la red y nuestras computadoras va a cambiar. Empezarán a desaparecer.
En una conferencia reciente, al presidente de Google, Eric Schmidt le preguntaron sobre el futuro de Internet. Schmidt contestó,
“Diría simplemente que Internet va a desaparecer. Va a haber tantas direcciones IP, tantos dispositivos, cosas que tienes puesto encima, cosas con las cuales estás interactuando que ya ni siquiera vas a sentirlo. La red simplemente será parte de tu presencia todo el tiempo. Imagínate que entras a una habitación… y estás simplemente interactuando con todas las cosas que están ahí.”
Schmidt se refiere a un futuro quizás no tan lejano cuando todas las cosas en tu casa desde termostato hasta las luces y cortinas están conectadas a la red, permitiéndote controlarlos ya sea desde tu teléfono móvil o simplemente con la voz o con gestos. Los analistas de tecnología están divididos acerca de qué tan rápido toda esta tecnología va a llegar a nuestros hogares, pero nuestra relación con internet ya está cambiando de la manera que dice el directivo de Google. Cuando aprietas un botón en la app de Uber para llamar a un taxi, ya no estás pensando, “Voy a usar la web en mi computadora o smartphone para buscar un taxi.” Cuando aprietas ese botón, las palabras “internet” y “web” ya no cruzan tu mente. Es un ejemplo temprano donde internet ya desapareció. Quedó un botón mágico que trae un taxi a donde estés.
Este concepto de internet y computadoras invisibles no es reciente. En el año 1988 Mark Weiser de laboratorios PARC originó el término computación ubicua (ubiquitos computing). Weiser imaginaba computadoras y sensores embebidos invisiblemente en todo nuestro alrededor ayudándonos con nuestra vida cotidiana. Las lámparas que automáticamente se ajustan a la luz ambiental para dar una iluminación necesaria, los despertadores que preparan café fresco antes de despertarte, las ventanas que sutilmente te dicen el pronóstico que podes ver desde un rincón de tu mirada, los pines que te identifican a la habitación y ajustan la temperatura y el volumen de música a tu gusto. Acerca de la visión de la tecnología que estaba tratando de construir, dijo lo siguiente en su artículo “La Computadora del Siglo 21”:
“Las tecnologías más importantes son las que desaparecen. Son las que se entrelazan con el tejido de nuestra vida cotidiana hasta que ya no son distinguibles de ella.”
Este mundo de la computación invisible con el que soñaba Weiser está llegando hoy. En 2015, los productos estrellas del show más importante de electrodomésticos, el Consumer Electronics Show en Las Vegas, fueron productos inteligentes conectados a la red. Había una maceta inteligente que sabe exactamente lo que necesitan sus plantas que tiene sensores para medir humedad y temperatura del suelo y es controlable desde el celular. Había una batería para las alarmas de incendio que siente cuando se está agotando y te manda un mensaje de notificación. Un productor japonés presentó un anillo que te permite controlar las cosas inteligentes en tu casa a través de gestos que haces con la mano.
Otros objetos cotidianos también están adquiriendo las habilidades mágicas posibilitadas por la miniaturización de la tecnología. Ya existe Woolet, la billetera inteligente que te alerta por celular cuando la olvidas, TrakDot que te permite geo localizar tu valija cuando está perdida y el dispositivo Whistle adaptado al collar de perro que monitorea de forma remota la actividad física de tu mascota.
Estos ejemplos tempranos de los productos inteligentes suelen ser los más visibles hoy en día. Pero si bien son divertidos y a veces útiles, los primeros grandes impactos de las tecnologías IoT van a estar en otros ámbitos. Por ejemplo, los servicios de IoT de General Electric tienen activos industriales con el valor total de 1 trillón USD (millón de millones) bajo su monitoreo, usando casi 10 millones de sensores que envían alrededor de 50 millones de datos distintos cada día. Es un océano de datos que los algoritmos de GE analizan continuamente para detectar las anomalías que pueden predecir fallas en motores, turbinas, juntas de sellado y muchos otros componentes críticos de funcionamiento del mundo industrial.
El mundo industrial es realmente enorme. Se estima que tan solo contando las cosas que giran en las máquinas y en el transporte, hay alrededor de 3 millones de componentes rotatorios claves: ruedas de locomotoras y autos, hélices de helicópteros y aviones, ventiladores de plantas y edificios, turbinas de generadores eléctricos y muchos más. Una falla en cualquier de estos componentes es un accidente con consecuencias y perdidas enormes. Con la IOT industrial estamos empezando de transformar el mantenimiento de la infraestructura que sostiene nuestras vidas de la modalidad retrospectiva a la modalidad anticipativa.
En este nuevo mundo, en vez de arreglar la maquina después de que falle y frene la cadena de producción causando millones de dólares de pérdidas, la maquina misma va a detectar el problema antes de que pase y te va a avisar con antelación qué parte hay que reemplazar y por qué. Es más, la maquina automáticamente llamaría a su fabricante para pedir un repuesto correcto. Asimismo, el sistema de monitoreo va a notificar a un técnico adecuado para hacer el arreglo y el técnico vendría no sólo con el repuesto necesario sino también habiendo leído un resumen de lo que pasó. Será un mundo donde los repuestos se instalan antes de que se rompan, los técnicos saben exactamente que hacer antes de llegar y la inactividad causada por las fallas y esperas imprevistas va a ser casi un recuerdo.
La próxima década ofrecerá oportunidades de innovación increíbles a los empresarios y emprendedores a medida que los enormes sectores de logística, transporte, agricultura y manufactura empiecen a transformar su base industrial agregando comportamiento inteligente y conectado a todos sus sistemas y procesos productivos.
Asimismo, la llegada de las tecnologías wearables puede cambiar la industria de salud que solo en EEUU tiene el tamaño de 3 trillones de dólares. Varias empresas ya están desarrollando soluciones a partir del reloj inteligente de Apple para el cuidado de las personas mayores. Por ejemplo, el reloj puede detectar una caída y chequear si la persona pudo levantarse sola. Si dentro de un periodo determinado de tiempo después de una caída no se detecta movimiento, el reloj puede notificar automáticamente a los parientes o médicos encargados de cuidar a la persona mayor que potencialmente tuvo un accidente e indicar su ubicación exacta para que la ayuda pueda llegar rápido.
El precio inicial del reloj de Apple es de 350 USD que no es accesible para la mayoría de las personas en el mundo, pero los precios siempre caen rápido. Los analistas de la consultora Gartner predicen que dentro de menos de dos años los precios de los relojes inteligentes serán menos de 30 USD a medida de que los productores chinos se adueñan de esta nueva tecnología y la masifican para sus mercados internos. Esto puede inaugurar una nueva época de telemedicina donde nuestros signos vitales están continuamente monitoreados por algoritmos de Google, Apple y otras empresas tecnológicas. Siri u otro asistente virtual puede ser tu próximo médico que siempre está vigilando tu salud en tiempo real.
¿Cómo va a ser el mundo cuando Internet termine de desaparecer, cuando millones de cámaras, micrófonos, GPS, acelerómetros, giróscopos y otros sensores pequeños hayan cubierto la superficie de nuestro planeta, nuestros cuerpos y nuestras casas? ¿Qué podrán hacer los emprendedores y los empresarios con el océano de datos que fluya desde estos puntos de medición hacia las gigantes bases de datos en la nube?
Podemos decir con certeza que este mundo nos sorprenderá con un sinfín de cambios rápidos e imprevistos. Cuando los ingenieros de la NASA estaban lanzando a la órbita las docenas de los satélites que iban a ser el corazón del sistema GPS, estaban pensando principalmente en los usos relacionados con la navegación más segura y precisa de los barcos y aviones. Nunca hubieran imaginado aplicaciones como Tinder o Uber que resultaron cuando chips GPS se volvieron baratos y ubicuos.
Después de tan sólo 5 años Uber opera en más de 50 países y recién levantó una ronda de inversión que le da valor de USD 41 mil millones, por lejos el número más grande en la historia de las startups tecnológicas. En muchas ciudades del mundo el modelo del uso de autos compartidos que representa Uber está cambiando los conceptos de propiedad tradicionales. ¿Quién quiere tener el inconveniente de mantenimiento y estacionamiento asociado con ser dueño de un auto, si el botón mágico de tu celular te trae un auto a dónde estés?
Todo esto pasó porque agregamos al auto y al teléfono un sensor de ubicación barato conectado a la red. ¿Qué pasará cuando en vez de millones hay trillones de sensores y computadoras de todo tipo embebidos en cada máquina, cada prenda de vestir y cada auto? Lo que nos muestra el ejemplo de Uber es que por más que lo pensamos no lo podemos imaginar hasta que llegue. El inventor Nikola Tesla escribió en 1926:
“Cuando la tecnología inalámbrica esté perfectamente instalada, toda la tierra se convertirá en un cerebro enorme…todas las cosas siendo partículas de una unicidad rítmica y real.”
Es una linda metáfora acerca del futuro al que estamos yendo.
Puedes leer la versión completa del artículo aquí. También puedes seguir a @andreidigital
Tags: #AutoresRedInnova Autores



