Los nuevos objetos voladores no identificados del siglo XXI se llaman drones o VATS. Se trata de pequeños helicópteros que sobrevuelan cortas distancias (por el momento) y, durante los últimos tiempos, se han vuelto toda una sensación porque, día tras día, se conocen nuevas ideas que los tienen como protagonistas para calmar las necesidades reales o ficticias del mundo actual. Conocer en profundidad la vida submarina puede ser de mucha relevancia para el mundo de la ciencia y de gran ayuda para los oceanógrafos que quizás tengan una herramienta más para pronosticar peligrosas tormentas o tifones y alertar a la gente de posibles accidentes. Sin embargo, que el gigante minorista Amazon anuncie que la empresa está trabajando en Prime Air, un servicio de delivery de productos con aeronaves no tripuladas es otro cantar. ¿Promesa futurista o ciencia ficción? De funcionar –hoy es imposible por problemas legales y de seguridad en Estados Unidos-, solo se enviarían productos de hasta dos kilos y medio de peso; con suerte y viento a favor, el próximo año.
Desde tiempos ancestrales, los alumnos se copian en los exámenes. La institución belga Thomas More Mechelen, cansada de la indisciplina de su cuerpo de estudiantes, decidió equiparse con un DJI Phantom que tiene cámara Go Pro. La idea es que el aparato sobrevuele las aulas durante el tiempo que sea necesario y reporte el estado del lugar con imágenes en tiempo real. Aunque por ahora tiene desperfectos –genera un impresionante ruido que distrae a los alumnos, además de que su autonomía no supera los 15 minutos-, se les acabó el juego y la cháchara, jovencitos.
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